Respecto al Libro de San Cipriano, como ya dijimos, puede considerarse propiamente como un típico grimorio, con una parte importante de magia negra y nigromancia.
Como diferencias más relevantes con respecto a otros grimorios, son el poco interés en las formas ritualizadas de la magia, dada la poca profusión en estas obras de pentáculos y círculos mágicos, la influencia católica en su confección, ya que abundan en las diferentes versiones (menos en la versión de Jonás Sufurino y en el Heptamerón de los que hablaremos después) oraciones, novenas a santos, exorcismos, etc. y, por otra, la gran importancia que se le da al desencanto de tesoros, con la inclusión en algunas versiones, sobre todo las portuguesas, de una lista de tesoros del Reino de Galicia y de Portugal, razón seguramente de su gran popularidad en Galicia y Norte de Portugal.
Otra característica destacable es la difusión geográfica del Libro de San Cipriano, ya que la publicación de las diversas versiones abarca toda la Península Ibérica y países de Latinoamérica, fundamentalmente Brasil (en este país ya existían ediciones del s. XIX y posiblemente anteriores), México y Argentina. En Europa, curiosamente, salvo una traducción italiana moderna de una versión de Jonás Sufurino y el hecho de que en Dinamarca y otros países escandinavos se llame Cyprianus al libro de fórmulas mágicas del mago, parece que es totalmente desconocido, ya que en los índices bibliográficos de libros de magia más conocidos (Caillet, Dorbon-Ainé, etc.) no aparece ninguna edición del mismo. De esta gran difusión deriva la cantidad de versiones diferentes que hay y las ediciones modernas del s. XX que se pueden encontrar (superando ampliamente las cuarenta, aunque se reducen a unas cuantas versiones básicas) son, muchas de ellas, fruto de una reelaboración popular, cosa impensable en este tipo de libros, en que a menudo su autenticidad y legitimidad viene dada por la fidelidad del copista o del nuevo editor a la versión antigua.
El país en que más difusión y popularidad tiene, hoy en día, es Brasil, donde existen más de veinte versiones diferentes, la mayor parte de ellas reelaboradas en época moderna, se puede decir incluso que actualizadas (perdiendo partes inútiles para aquellas latitudes, como p. ej. la lista de tesoros del Reino de Galicia y de Portugal e incluyendo fórmulas mágicas y creencias de aquellas latitudes), con tiradas de miles de ejemplares, llegando algunas de las ediciones más vendidas a la veinti-cincoava edición hace algunos años.
Esto aleja al Libro de San Cipriano de otros gri-morios, que han permanecido prácticamente inalterados en los últimos dos siglos y son adquiridos fundamentalmente por curiosos y coleccionistas, y lo hace realmente un libro vivo y cambiante (aunque sean quizá más interesantes para el bibliófilo las ediciones más antiguas), que ha sabido adaptarse a los tiempos y sigue siendo un libro popular a todos los niveles, aunque la parte de búsqueda de tesoros y de pacto con potencias infernales ha pasado a un segundo plano, ganando protagonismo la de recetario mágico.
Respecto de la autoría, es evidente que San Cipriano difícilmente pudo ser autor del libro que se le atribuye, ya que numerosas partes del mismo son evidentemente de siglos muy posteriores (ej. el apartado de cartomancia), además coincide, en partes, con grimorios aparecidos principalmente en el s. XVIII y XIX, siendo su adscripción más bien una forma de darle autoridad al libro en cuestión, igual que otros libros se atribuyen a Simón el Mago o a Salomón, por lo que sus autores fueron personas anónimas que fueron añadiendo pasajes al libro durante un largo tiempo.
Sobre la fecha de su elaboración, es difícil llegar a una conclusión, en primer lugar porque las diferentes versiones son de épocas diferentes y porque en una misma versión a menudo confluyen materiales de datación distinta (ej. la versión de Jonás Sufurino parece claramente del s. XIX por su carácter recopilatorio de otras obras). Autores gallegos y portugueses como Vicente Risco y Moisés Esprito Santo consideran las primeras ediciones del Libro de San Cipriano del s. XVI, según Bernardo Ba-rreiro, que estudió los procesos de la Inquisición en Galicia en los siglos XVI y XVII, ni la Inquisición ni el pueblo gallego conocía esta obra (lo que no quiere decir que no se pudiera conocer en otras zonas geográficas), por lo que lo considera un producto de finales del s. XVIII como muy pronto. Barreiro cita el proceso de la Inquisición en 1802 contra el presbítero de Ferrol D. Juan Rodríguez por la posesión del Libro de San Ciprián, siendo ésta posiblemente la primera cita de esta obra en un proceso en Galicia, aunque ya aparecen citas de mediados del s. XVIII de libros para descubrir tesoros sin especificar su título. Las versiones que circulan hoy en día deben ser del s. XIX, o a lo sumo, de la segunda mitad del s. XVIII, por su contenido y porque muchas, siendo de finales del s. XIX, indican que son reediciones de otras obras anteriores. Esto no implica que no pudiera haber libros con el nombre de San Cipriano en épocas anteriores ya que el famoso mago Heinrich Cornelius Agrippa (1486-1535), que fue médico en la Corte de Carlos V, cita en sus obras libros de nigromancia atribuidos a Cipriano.
Más allá de la fecha de su génesis y de su autoría, es innegable el interés y valor intrínseco que tiene la obra en la historia de la magia y de los grimorios en Europa, a pesar del maltrato y desprecio que ha sufrido por parte de muchos autores (Rafael Urbano, Juan Blázquez Miguel, entre otros), que lo calificaron como un "cúmulo de recetas y conjuros", sin darle siquiera la categoría de libro, cuando esta obra tiene tanto derecho a llamarse grimorio como todos los demás publicados en Europa durante los s. XVIII, XIX y XX y además es, con diferencia, el grimorio más popular, hoy en día, en el mundo y es casi el único que ha tenido su génesis (por lo menos en gran parte) y desarrollo en la Península Ibérica y que incluye una lista de lugares con tesoros para desencantarlos.
Esta inclusión de las listas de tesoros en el Libro de San Cipriano es una feliz combinación entre antiguos grimorios y las famosas gacetas de tesoros, libretas con listas de tesoros que circularon por la geografía peninsular, siendo especialmente populares en Asturias y en Galicia, desde fechas muy tempranas. Hay que tener en cuenta que la Península Ibérica, en particular su zona norocci-dental, fue famosa desde la antigüedad clásica por la abundancia de oro y metales preciosos.
Las listas que se pueden encontrar hoy impresas en diversas versiones del Ciprianillo son una de tesoros de Portugal, de la zona de Porto de D. Gazua, de 148 tesoros, y otra de 174 tesoros del Reino de Galicia, muy detalladas ya que describe tanto el lugar en que se encuentra como el haber que se halla (ej. 1.- Na encruzilhada de Lobios, a trinta e dois passos ao nascente, debaixo de um regueiro de pouca fluência, ficou um covo de pedra com uma abada de ouro"). En otras versiones la lista de 174 tesoros se reduce a 146 y no se detalla el lugar donde se encuentra el tesoro ni su contenido, sino que sólo se habla del pueblo en que está, pero la lista es la misma. La propia lista relata que fue encontrada en "los cimientos del Castillo Morisco de D. Gutierre de Altamira en el año 1065, año en que D. Fernando, el Grande, entregó los dominios de Galicia a su hijo García" (situando la lista en la Biblioteca Académica Peninsular Catalani, de Barcelona). En la edición publicada por la Ed. Castrelos de Vigo, Col. O Moucho, en 1973, su autor, Xose Mª Álvarez Blázquez, localizó topográficamente todos los tesoros contenidos en la referida lista, correspondiendo mayoritariamente a localidades de las provincias de Ourense (comarcas de Verín, A Limia, y O Ribeiro) y Pontevedra (comarcas de As Neves, Mondariz y Salceda de Caselas).


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